sábado 11 de noviembre de 2006

La escatológica historia de Carlitos Mojo-Picón y el Pistacho Gigante.

Autores: Dajoropo, Manolo, Caminante, Reapertum, Glaurung, Duyulini y Miguel Bau.


Carlitos Mojo-Picón no sabe qué hacer, así que no hace nada. "Todo a su tiempo", piensa. Sentado en el retrete, lee la etiqueta de un tarro de masaje de Nivea mientras la lluvia taladra el cristal de la ventana.

Alguién toca en la puerta dos veces y Carlitos deja caer de golpe el tarro de Nivea y mira fijamente a la puerta. No dice nada y espera en silencio. Un momento después se vuelven a escuchar los dos golpes en la puerta.

Ahora sí que tiene miedo, Carlitos vive solo...

- ¿Quién es? - pregunta Carlitos.

No hay respuesta.

- ¿Quién es? - vuelve a preguntar Carlitos, incapaz de ocultar su miedo.

Esta vez, recibe dos nuevos golpes en la puerta como respuesta.

Asustado, decide afrontar su destino y, armado con la escobilla del water, se dirige a la puerta dispuesto a abrirla...

Abre la puerta y le pega un escobillazo a la chica con la que se lió el último sábado.

Por lo visto se dejó las llaves olvidadas en el coche de ella que entró en el piso con las mismas.

Carlitos vive sólo por lo que no suele limpiar mucho la escobilla ni cuando hace aguas mayores. Imaginaros el panorama.

La cosa huele mal.

-Vete a la mierda!-grita Mariquilla la Pecosa.

Carlitos se descojona.

La cosa huele peor aún.

-Hablo en serio, Carlitos. No te quiero volver a ver! Cerdo, marrano, grandísimo hijo de puta...! PISTACHO!

La palabra prohibida.

"Tranquilízate, no ha podido decirlo en serio. Ella sabe muy bien lo que significa esa palabra en mi familia"

-Cómo me has llamado?

-...Te he llamado pistacho...

El padre de Carlitos había muerto hacía unos meses, atropellado por un camión que transportaba pistachos desde su Cártama natal, donde la vieja Doña Luisa los cultivaba, hacia Alcalá la Real, donde los jipis los comían.

Sólo la imagen del fruto seco evocaba recuerdos tan recientes y dolorosos, que trastocaban su mente, convirtiéndole en otra persona, activando en él un mecanismo de protección psicológico que convertía su psique y le hacía encarnar al personaje con que se enfrentaba a la dolorosa realidad:

MegaClinton, el consolador humano.

Cuando la escobilla del vater que sostenia en alto en su mano empezo a gotear mierda sobre esta Carlitos volvio a la realidad.

Lo cierto es que le gustaba esa chica de verdad, tenía la intención de volverla a ver en brebe pero todo acabó con escobillazo de mierda en toda la cara.

- ¡¡¡Por qué Por qué Por qué!!! ¿Quien me mandaría comprar una escobilla para el vater? - Grito Carlitos.

Desconsolado, en busca de consuelo y comprensión fue a ver a la unica persona/cosa que podía ayudarle...

Por el camino hacia su consuelo, su cerebro no paraba de recordarle una y otra vez la escena del escobillazo, con todos los restos de las lentejas que el día anterior almorzó en casa de su madre repartidos por la cara de la pobre Mariquilla.

- Con la de frutos secos que hay en el mundo... ¿por qué me llamó pistacho? - Se preguntaba insistentemente.

Realmente era un mecanismo defensivo para no afrontar la gran pregunta: ¿por qué soy incapaz de controlar mi genio?

- Por fin he llegado - dijo cuando llegó a la puerta de la persona que iba a darle consuelo en momento tan delicado...

-Ave María purísima.

-Sin pecado concebida.

-Padre Willy, he vuelto a tener una crisis, y no ha llegado la sangre al río gracias al medicamento que usted me facilitó, pero me ha faltado poco... Necesito algo más fuerte!

-Entiendo. Ven conmigo.

Los dos hombres caminaron hasta un cucifijo. Padre Willy tiró de él hacia abajo, accionando un mecanismo que habría una compuerta que daba acceso a un laboratorio clandestino oculto tras los muros de la sacristía.

Entonces el Padre Willy le condujo dentro del laboratorio, estaba repleto de experimentos en marcha, pócimas de extraños colores y algunas jaulas con ratoncitos.

- Carlitos, voy a mostrarte la medicación que he creado especialmente para tí, tendrás que hacer un gran esfuerzo para tomarla, pero es lo único que podrá curarte definitivamente. ¿Estás realmente preparado?

- No sé si lo estoy, pero la necesito.

- De acuerdo aquí está.

Y abriendo un viajo armario del fondo sacó la medicina para Carlitos. Un pistacho del tamaño de un melón.

- Porca miseria! Ma che cosa fai!! - cuando a Mojo-Picón lo sacan de sus casillas afloran a su boca exabruptos en italiano-. ¿Pero qué es esto, padre? ¿Una broma de mal gusto? Ya sabe lo que simboliza ese fruto seco para mí.

- No me malinterpretes, Carlitos - adujo el Padre Willy, que para tal ocasión se había ataviado con su complemento ritual favorito, la peluca del Zurula-. Este es un viejo remedio usado desde siglos ha por la sabia tribu de los camellos de la playa de La Cepa y que se remonta a sus ancestros. Evitará esos ataques de ira que te llevan a blandir la escobilla llena mierda y pellejitos de lenteja cuan Cid Campeador.

- ¡Oh! - dijo maravillado Carlitos Mojo-Picón - ¡Dime qué quieres a cambio!

Y el Padre Willy, tornando su sereno semblante en una mueca de enfado y asco, respondió:

- ¡Pues lo primero de todo que dejes de pensar en Mariquilla, cacho guarro! ¡Que este es un lugar sagrado y desde que entraste no has dejado de machacártela con crema Nivea!

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Carlitos Mojo-Picón no sabe qué hacer, así que no hace nada. "Todo a su tiempo", piensa. Sentado en el retrete, contempla el superpistacho creado por el Padre Willy mientras la lluvia taladra el cristal de la ventana. Corta un pedazo, y acto seguido lo ingiere...

2 aportaciones desinteresadas:

Natalia dijo...

La leí en los comentarios, y me resulta graciosa. Por cierto, vaya mentes mas sucias ;-P

Besos

Glaurung dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con Natalia. Chicos nos hace falta terapia.