El dinero nunca debería ser el objetivo, sino una consecuencia más del trabajo bien hecho.
Si quisieras cosechar tomates, nunca centrarías tus energías en recogerlos antes incluso de haberlos sembrado. Al contrario, aprenderías a elegir una buena semilla, prepararías la tierra, esperarías el momento propicio para la siembra, y luego mantendrías los cuidados de la planta hasta la madurez del fruto.
Implicarse en el trabajo hace que éste aporte energía a nuestras vidas. Y esta energía adopta muchas formas, entre ellas el dinero.
El malestar es siempre un indicador de que algo no funciona; nos insta a tomar una decisión, a cambiar de rumbo, en la mayoría de los casos sin tener ni idea de qué dirección tomar. Pero la esencia no se encuentra en el blanco, sino en la flecha.
A largo plazo es muchísimo más efectivo centrar las energías en realizar un buen trabajo, en hacerlo con cariño, respeto y esmero. El fruto llega, tarde o temprano, pero llega, y siempre lo hace en el momento oportuno.
lunes 28 de julio de 2008
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1 aportaciones desinteresadas:
Buenas...
Con toda tu razón, estoy de acuerdo contigo. El objetivo de las cosas no tendría que ser el dinero, sino la pasión que se ponen en ellas. La vida que se te escurre por darle vida.
Me encanta lo que dices, cuando "la esencia no se encuentra en el blanco, sin en a flecha". Vaya que sí, no importa el destino, sino el camino.
Besos lunáticos.
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